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La revolución en pollos a la brasa

Hoy día varios integrantes de este blog, y algunos añadidos, fuimos a una pseudorevolucionaria pollería ubicada en la Av. Bolívar, con un sistema supuestamente novedoso de braseado de los pollos. Antes de verlos, y como buenos estudiantes de filosofía, no pudimos pensar en proyectar el giro copernicano, tanto astronómico como epistemológico, a este nuevo sistema. Pero al menos yo, al verlo, no pude dejar de estar decepcionado, puesto que éste hacía a los pollos girar como un carrusel por sobre un círculo de carbón.

Sin embargo, seguían los pollos, pues, siendo los que se movían. No era más que una revolución estética. La verdadera revolución en pollos a la brasa, el verdadero giro copernicano, se dará cuando la brasa sea la que gire alrededor de los pollos, quedando estos estáticos.

No duden, pues, fieles lectores, que este bloguero ya empezó a trabajar para hacer esto una realidad.

Las amenazas (y respuestas) de la humanidad

Siempre pensé que, si pudiese elegir a una persona para ponerla al mando de todo el planeta, esa persona sería Bertrand Russell. Ahora, sin embargo, me parece que Russell ha sido desplazado al segundo lugar por Isaac Asimov.


Claras ventajas de Asimov serían: 1. que escribió la Fundación; 2. que de hecho se proyectaba mejor para la exploración espacial; y 3. que era ruso.

En estos dos videos que quiero compartir, del 89, Asimov habla de las amenazas a la humanidad, y hace un buen trabajo, me parece, en explicar la importancia de la idea "humanidad" y aterrizar un poco el término, a todo esto.

Sin más, los dejo con los algo extensos videos, pero que creo que pueden ser bastante enriquecedores.

Isaac Asimov - Threats to Humanity Part 1


Isaac Asimov - The Answer for Humanity Part 2



Cualquier parecido con Kant se debe puramente a la participación generosa en la idea del Bien.

Y para el mejor cuento de Asimov, entren acá.

El imperativo categórico robótico

Primera Ley: "Un robot no puede dañar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano resulte dañado"

Segunda Ley: "Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley"

Tercera Ley: "Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley"


Y la más hardcore:

Ley Cero: "Un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad resulte dañada"

Y que ocasionó que la Primera Ley se cambiara a:

Primera Ley (II): "Un robot no puede dañar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano resulte dañado, excepto cuando ello entre en conflicto con la Ley Cero"

Y todo esto, claro, se somete a la libre interpretación de los robots.

Zum ewigen Frieden

"Hacia la paz perpetua" (1795) es probablemente el único escrito exclusivamente político de Immanuel Kant, y he tenido la oportunidad de trabajarlo relativamente a fondo en un seminario hace ya un par de años. Es un libro breve, sin duda, pero entretenido y todavía lúcido en extremo para nuestros días (yo creo que lo será siempre, malditos relativistas históricos).

Ejem... bueno, el motivo de este post, aparte de mandarle chiquitas a Von Rommel, es lucir mi más reciente adquisición. Veamos.

Sí, es todo el libro en forma de afiche.

El tercer artículo definitivo, y sin duda el núcleo duro de todo el asunto, para los iniciados.

Pero eso no es todo, señoras y señores, pues al lado inverso hay una lista de nada más y nada menos que todas las guerras habidas desde que el libro de Kant fuese publicado hasta el 2004 (cuando el afiche fue impreso), o sea, un periodo mayor a los 200 años.

Si esto no les da escalofríos, están mal.

La guerra con Chile, damas y caballeros. No me digan que no la ven.

Así que ya saben.

¿Era Aristóteles un kantiano (al igual que yo)?

Le estoy entrando con todo a la Ética Nicomáquea, y mientras más la leo, más me sorprende, como es el caso de este pasaje del cuarto capítulo del libro segundo [1105a 25-34] del cual me percaté recién hoy. Veamos.

Además, no son semejantes el caso de las artes y el de las virtudes, pues las cosas producidas por las artes tienen su bien en sí mismas; basta, en efecto, que, una vez realizadas, tengan ciertas condiciones; en cambio, las acciones de acuerdo con las virtudes, no están hechas justa o sobriamente si ellas mismas son de cierta manera, sino si también el que las hace está en cierta disposición al hacerlas, es decir, en primer lugar, si sabe lo que hace; luego, si las elige, y las elige por ellas mismas; y, en tercer lugar, si las hace con firmeza e inquebrantablemente.

Parecería, pues, que la moral trasciende la acción misma, y pasa a colocarse en el terreno de la intención subjetiva. No digo más.

Etapas del camino de la vida - I

En honor a la creación de mi nuevo blog (que sin embargo me temo no puedo compartir con la mayoría de ustedes, o sea, el vulgo), quisiera exponer un poco un aspecto bastante importante y esencial del pensamiento de Søren Kierkegaard. Me refiero a la división del "camino de la vida" que él hace en tres etapas. Por eso, inicio esta serie de entradas (serán finalmente dos o tres), muy introductorias, y que espero sirvan para ilustrar algo la cuestión y llevarlo a usted, lector bloguero, a sumergirse en la profundidad del pensamiento kierkegaardiano.

* * *

En el ciclo 2007-1 llevé un curso que me introdujo al pensamiento del filósofo danés Søren Kierkegaard, y más precisamente, a tres etapas que conforman la existencia humana. Estas se darían de manera consecutiva (como un camino), aunque no necesariamente se alcanzarían todas en todos los individuos.


Se partiría, según Kierkegaard, de la etapa estética (en la que la mayoría de personas se encuentran y de la que nunca salen), seguida de la etapa ética, para finalmente llegar y terminar en la etapa religiosa.

La estapa estética, me parece, se entiende mejor al ver la ética, o sea, viendo lo que no es. Y la ética se caracteriza por el compromiso con la vida propia, con la existencia, pero esta atravezada, o mejor dicho, impregnada del universal, que la hace inteligible a las demás personas.

Ahora, lo que hay que entender es que este "estar impregnado" por un universal, que lo hace ético, no es tan sencillo como suena. Muchas personas siguen normas que son a la vez universalizables. En ese sentido, están siguiendo al universal, mas no lo llevan dentro de sí. Es muy parecido a lo que dice Kant sobre cómo la mayoría de acciones se dan de acuerdo al imperativo categórico, pero no parten de él, y en ese sentido, no son éticas. Por eso mismo es que la mayoría de las personas nunca alcanzan esta etapa.

Sin embargo, cabría añadir un par de cosas más en las que Kierkegaard hace énfasis, para no simplemente mostrar esta etapa ética como idéntica a la kantiana. Kierkegaard se preocupa, pues, por la importancia de la elección. Está claro que incluso durante un día, elegimos diferentes cosas, pero estas se quedan en la esfera estética. La elección que enfatiza Kierkegaard es un "elegirse a uno mismo", y no sometido a nada ajeno a él, sino con el universal que a interiorizado tanto que lo lleva dentro de sí y lo hace libre, le da seguridad. El caracter existencial de esta etapa queda entonces manifiesto de manera muy clara (sin aludir a que no esté presente en Kant).

Entonces, volviendo a la etapa estética, se podría decir que esta se da de diversos modos, y muy variados. Por ejemplo, podríamos tener a un Don Juan (ejemplo que usa el mismo Kierkegaard), que no se compromete con nada ni nadie; o podríamos tener a una persona que vive su vida sin jamás cuestionar, por ejemplo, por qué sigue las leyes, si casarse es bueno o no, etc. Y con esto no quiero decir que todas las personas que se encuentren en la etapa ética vayan a ser parecidas, pero la forma en que participan de dicha etapa sí es una sola.

Un excelente ejemplo del paso de la etapa estética a la ética lo tenemos en el personaje de Isak Borg, de la película "Fresas salvajes", de Ingmar Bergman. Para una explicación detallada, hice un ensayo hace ya un buen tiempo.

Y que baste esto, por el momento, para explicar estas primeras dos etapas.

¿Valores rebeldes?

Después de varios meses, volvió a mis manos un libro que considero muy alto entre mis favoritos: Zen and the Art of Motorcycle Maintenance. La historia de cómo llegó a mis manos es digna de contar, así que justamente eso haré.

Creo que fue en el segundo ciclo de mi carrera de filosofía, hace dos años y medio, que el legendario profesor Federico Camino, que no suele hablar bien de muchas cosas, mencionó este libro y a su autor, Robert M. Pirsig, diciendo que era muy bueno, y que además, el autor sólo había escrito dos libros en 30 años, cosa que en sus ojos no hacía más que inspirarle confianza.


Como muchos otros libros recomendados por profesores, no hice más que apuntarlo en mi cuaderno, y probablemente esta anécdota hubiese sido olvidada para siempre, si no fuese porque unos meses después, a miles de kilómetros de distancia, en la casa de mi por allá entonces enamorada en el estado gringo de Virginia, lo encontré en sus estantes. Me dijo que nunca lo había leído, que lo encontró en una venta de garaje y lo compró porque le gustó el nombre.

Procedí, en consecuencia, a pedírselo “prestado” (probablemente lo único bueno que saqué de dicha relación).

No quiero entrar en detalles sobre el libro (y menos aún sobre mis relaciones). Sólo diré que es una novela escrita en primera persona, pero fácilmente más del 70% de su contenido consiste en el autor hablando de diversos problemas filosóficos, dirigiéndose directamente al lector. Hay partes que no son nada sencillas, pero el libro fue un best seller en sus días (allá por los 70’s), por lo que a pesar de su dificultad en momentos, termina siendo accesible para todos (a menos ya que seas bruto).

Además, la increíble historia está basada en la vida real del autor, lo que la hace todavía más fascinante.

Sin embargo, el motivo de este post no es convencerlos de que lean este libro (como ya podrán haber notado desde el título), sino simplemente sacar un fragmento más o menos descontextualizado y aplicarlo a un tema que personalmente me mantiene en constante conflicto. Pero vayamos por partes. El fragmento cuenta a su vez con otro fragmento de La Ilíada, y el autor se encuentra hablando de la areté griega antes de Platón y Aristóteles.

The Iliad is the store of the siege of Troy, which will fall in the dust, and of its defenders who will be killed in battle. The wife of hector, the leader, says to him: “Your strength will be your destruction; and you have no pity either for your infant son or for your unhappy wife who will soon be your widow. For soon the Acheans will set upon you and kill you; and if I lose you it would be better for me to die.”

Her husband replies:

“Well do I know this, and I am sure of it: that day is coming when the holy city of Troy will perish, and Priam and the people of wealthy Priam. But my grief is not so much for the Trojans, nor for Hecuba herself, nor for Priam the King, nor for my many noble brothers, who will be slain by the foe and will lie in the dust, as for you, when one of the bronze-clad Acheans will carry you away in tears and end your days of freedom. Then you may live in Argos, and work at the loom in another woman’s house, or perhaps carry water for a woman of Messene or Hyperia, sore against your will: but hard compulsion will lie upon you. And then a man will say as he sees you weeping, ‘This was the wife of Hector, who was the noblest in battle of the horse-taming Trojans, when they were fighting around Ilion.’ This is what they will say: and it will be fresh grief for you, to fight against slavery bereft of a husband like that. But may I be dead, may the earth be heaped over my grave before I hear your cries, and of the violence done to you.”

So spake shining Hector and held out his arms to his son. But the child screamed and shrank back into the bosom of the well girdled nurse, for he took fright at the sight of his dear father -at the bronze and the crest of the horsehair which he saw swaying terribly from the top of his helmet. His father laughed aloud, and his lady mother too. At once shining Hector took the helmet off his head and laid it on the ground, and when he had kissed his dear son and dandled him in his arms, he prayed to Zeus and to the other Gods: Zeus and ye other Gods, grant that this my son may be, as I am, most glorious among the Trojans and a man of might, and greatly rule in Ilion. And may they say, as he returns from war, ‘He is far better than his father.’

Ahora, tenemos acá un ejemplo de un virtuosismo impresionante. Es un virtuosismo, claro está, hacia uno mismo. Es una virtud del guerrero.


Personalmente, no puedo evitar pensar en lo que yo considero es la ética, y a todo esto, lo que es moralmente bueno; y mi posición es en gran medida la kantiana, que considera que lo bueno son las máximas de nuestra acción que son a la vez universalizables, en la medida que tienen en cuenta la humanidad, tanto como idea, y como está presente en cada individuo concreto.

Lo que resulta de una posición así es una virtud del ser humano en tanto ser humano. Una virtud que pueda ser compartida por todos los hombres, que no se inmiscuya en los otros, justamente, que sea universalizable. Una posición así no se distancia mucho de la ética aristotélica.

Igual podrían coexistir otras virtudes, como las del guerrero y del alfarero, pero tendrían que estar sometidas a esta virtud mayor, si es que quieren ser consideradas “buenas”.

Pero en el comportamiento de Héctor tenemos sin lugar a dudas una virtud que no es ni puede ser jamás universalizable con toda la humanidad, pues su virtud radica justamente en ser superior a los demás. Ser más noble, más valiente, más fuerte, y estos valores rebeldes se anteponen al resto.

Se me ocurre otro ejemplo en el del General Kuribayashi, de la película Cartas de Iwo Jima, que sigue combatiendo por el honor de su nación, y de su persona misma, a pesar que sabe morirá y miles de sus soldados también, y finalmente su esfuerzo será en vano.


Sin embargo, no puedo dejar de ver ambos casos y pensar que, de alguna forma, están “bien”. Los admiro y me parecen ejemplos de excelencia humana, por más que no pueda argumentar racionalmente en su favor.

No sé, dejo la contradicción ahí, sin resolver, a ver si a alguien se le ocurre algo.

Manifiesto kantista - Parte II

En esta segunda parte de mi heroica manifestación como kantiano quiero concentrarme en mi motivación personal, o mucha de mi propia interpretación, o también, dicho en términos más simples y sensatos: en lo que yo pienso al respecto (porque de esta forma, no me puedo equivocar, hoho).

Así, teniendo que empezar (obviamente) por algún lugar, diría que lo que me atrajo inicialmente a Immanuel Kant, allá por el 2004 (curso de Ética con el venerable Miguel Giusti), fue esta pretensión de universalidad que hay en la moral. Me resultaba contraintuitivo considerar que no fuese posible establecer principios éticos comunes a todos los seres humanos. Ahora, este punto es sin duda altamente controversial. Mucha gente, entendiéndolo mal, piensa en algo así como que si aceptamos eso, entonces todos se tienen que vestir de la misma forma, y cosas por el estilo, y entonces la multiculturalidad se ve amenazada. Pero nada justamente más lejano a eso. La universalidad kantiana, si bien pone límites (y por eso cae pesada a muchos), sirve justamente de principio garantizador de esta multiculturalidad.


Me explico. La universalidad kantiana no consiste en poner un número de normas o reglas positivas, sino que pone exclusivamente una (el imperativo categórico), y esta consiste en que, para que algo sea moral (bueno), tiene que ser universalizable. Ahora, si me han seguido, parecería que he dicho algo tan irrelevante como que su universalidad consiste en que hay que universalizar. Pero justamente es en esta capacidad de universalizar racionalmente teniendo en cuenta a los demás que radica la posibilidad del ser humano de actuar moralmente.


Ahora, si bien a lo largo de la historia hasta nuestros días, en muchas culturas se considera, por ejemplo, moralmente bueno vestir de tal forma, o no comer ciertas cosas, Kant consideraría que estas costumbres no entran en el ámbito de la moral, pero eso no las hace desechables en lo más mínimo.


Otro punto importante que personalmente me atrae muchísimo es el carácter existencial de la moral kantiana. Si bien Jean Paul Sartre, en ese librillo de divulgación titulado El existencialismo es un humanismo le hace una crítica a Kant diciendo que el imperativo categórico de por sí no te dice nada en una situación difícil, y nos relata la historia de un alumno suyo que durante la guerra había perdido a sus hermanos y quería vengarlos enlistándose en el ejército, pero que, a la vez, sabía que su madre, que ya había perdido a varios hijos, no soportaría verlo irse, y moriría si fuera ese el caso. Entonces, ¿cómo la formulación del imperativo categórico “Actúa de tal forma que puedas querer que la máxima de tu acción, se convierta en ley universal” te ayuda en una situación así?


Justamente Sartre responde él mismo la pregunta: el imperativo categórico no te da una respuesta a priori, pero está bien porque que no funciona así. No tiene por qué hacerlo. No es un equivalente a los 10 mandamientos, o legislaciones universales de ese tipo, que de alguna forma te dan la seguridad antes del actuar. El imperativo categórico no es una legislación universal, es más bien reconocer nuestra posibilidad de autolegislar universalmente en nuestras vidas, labor que no tiene por qué ser fácil, y menos aún en situaciones tan difíciles como la que el filósofo francés nos relata.


De esa forma, porque somos seres humanos que vivimos en un mundo contingente, el carácter existencial de una ética que “no te la pone fácil”, llevándote de la mano, sino que más bien te deja el trabajo sucio (pensar por ti mismo) es, a mi parecer, innegable.


Bueno, ya me extendí demasiado sin quererlo, lo que me motiva a detenerme, pero no sin antes prometer entradas futuras sobre el tema. Ah, y para que vean que el kantismo “permite” (¡horror!) aunque sea un poquito de humor, los dejo con esta caricatura que encontré por ahí, y que estoy seguro los hegelianos apreciarán particularmente:


Manifiesto kantista - Parte I

Hay un fantasma que recorre este blog... el fantasma de Kant, o mejor dicho, de mi kantismo. Soy kantiano. Parte de serlo, obviamente, hace que no lo sea dogmáticamente. Hay cosas que todavía no entiendo del todo, otras que no me convencen, y creo que autores posteriores como Kierkegaard, Nietzsche (sí, ¡Nietzsche!) y Sartre complementan en mucho su pensamiento. Pero sin embargo, siempre que vuelvo a los textos de Kant, no puedo evitar asentir con la cabeza, y de hacer lo contrario cuando leo críticas (como la última de ese sofista contemporáneo que responde al nombre de Alasdair MacIntyre), por lo que a pesar de todo, es que me manifiesto como tal.

Hoy día acudí a la presentación del nuevo libro de filosofía de la PUCP, ¿Por qué leer filosofía hoy?, y fue mencionado el artículo sobre Kant, de François Vallaeys, como una defensa ante las malas lecturas que se dan del filósofo de Königsberg en la actualidad. Ahora, si hay algo que creo, es justamente eso. Cuando hablo de Kant con muchos de mis compañeros o amigos, siento que estuviésemos hablando de filósofos distintos, por lo que no pude evitar sentirme intrigado ante la descripción de susodicho artículo.

Horas después, me dirigí a la biblioteca a sacar el libro (ni loco lo compro porque está 50 le), y a regocijarme leyendo el artículo de mi interés. Sin embargo, el primer párrafo fue suficiente para sacudirme, no como argumentación sobre la filosofía de Kant en sí, sino como descripción de lo que considero es la situación actual de mi universidad. Por eso, y ante tan buena puesta en escena (por algo François Vallaeys también hace teatro), decidí compartir ese primer párrafo con ustedes, amigos lectores, para ver si se persuaden a sacar el artículo y darle una revisada (y eso va especialmente para todos los que han llevado curso con Levy en Letras). Sin más, pongo el preámbulo a continuación:

Parodiando el mismo título de una obra de Kant, el presente ensayo parte de una molestia sobre el lugar común: es posible que Kant tenga razón en teoría, pero en la práctica, ¡no funciona! Una larga y repetida interrogación como profesor de filosofía dictando en el Perú el pensamiento de Kant desde hace más de una década es: ¿por qué razón Kant, a pesar de todo el respeto que se le prodiga oficialmente, es al mismo tiempo, oficiosamente, tan poco comprendido y apreciado?, ¿por qué motivo circulan sobre él tantos prejuicios y lugares comunes, que se repiten hasta el cansancio en los pasillos de las facultades de filosofía y que condenan desde el inicio los pusilánimes intentos de leerlo por parte de estudiantes?, ¿por qué tantos repiten que es un "filósofo formalista", "rigorista", "universalista abstracto", "dualista", sin ser por eso discípulos de Hegel, ni haber leído una sola línea de su Filosofía del derecho? Es como si las críticas posteriores, transformadas en lugar común, se adelantaran siempre a la lectura previa del filósofo de Königsberg, mermando sistemáticamente los alcances de su estudio y la posibilidad de fecundar los debates contemporáneos con sus tesis.

No queremos aquí dedicarnos a un trabajo de sociología de las mentalidades universitarias latinoamericanas para responder esta pregunta. Pero queremos, como pedagogos, haciéndole honor al bicentenario de la muerte de un filósofo cuyo pensamiento necesitamos todavía con urgencia -en un mundo que sigue dominado por el fanatismo metafísico de los dogmáticos y el pretendido "indiferentismo" de los relativistas, las dos actitudes oscurantistas de la razón que Kant había pretendido desterrar con su Crítica de la razón pura-, proponer a los aficionados de filosofía unas cuantas reflexiones y herramientas para facilitar su orientación en la filosofía práctica kantiana y derrumbar, en la medida de lo posible, los prejuicios que dificultan todavía tanto su lectura. Quizá, ayudando a reconocer el malestar que provoca siempre la lectura de Kant, ayudaremos también a superar el malentendido.

Ahora, me gustaría decir muchas cosas más sobre Kant, y es lo que haré, pero no hoy, sino en el futuro próximo, habiendo leído ya también todo el artículo de Vallaeys, y unas cosillas más que estoy cocinando.